Más allá de nuestras fronteras eurocéntricas el arte recupera de forma incontenible unas raíces que estaban dormidas, pero que guardaban todo un caudal de posibilidades y propuestas visuales producto de una honda conmoción cultural y espiritual.
La artista keniana MUTU es un buen exponente de esta manera de dar el salto, de mostrar los sueños que se deslizan en la visión de un mundo que a pesar de las transgresiones a las que se ve sometido, las asimila y transmuta. Sobre este imaginario construye una obra única y auténtica, que deja los significados a cargo de los espectadores una vez que éstos se vean subyugados por estas criaturas, que con esa efervescencia cromática y figurativa implican una cita en los más salvajes confines del globo.

Mi memoria sigue ardiendo en el más absoluto
silencio como un viejo fraile crucificado.
(Leopoldo María Panero>).