Vaticinamos conclusiones que no existen en el arte, al contrario, estamos siempre ante nuevas resurrecciones de formas, organismos, cuerpos, intensas exudaciones sexuales, objetos, luces, penumbras, umbrales y exordios que en sí mismos y por sí mismos agotan el mensaje.. Son intuiciones que tienen carga letal sobre lo efímero.
La polaca de origen judío ALINA, exprisionera de un campo de concentración nazi, hace del sufrimiento una convocatoria y una oratoria plásticas. En esta artista los fantasmas no han llegado a anular su fuerza expresiva, su aliento creativo, su inclinación por la articulación patética o patético sexual, o la desmembración cruel, perversa.
En su imaginario visual percibimos sus raíces, su historia, su evolución, sus encuentros con otros enfoques y formas de hacer. De ahí el resultado de un sentido físico y ontológico de concebir y concebirse.
Porque la religión no son dogmas ni anhelos abstractos
sino el sufrir de otro sufrir, el matar por amor
hasta llegar a este final en donde sólo habla el odio.
(Leopoldo María Panero)