Los efectos plásticos de estas instalaciones demandan un gran potencial visual, físico, táctil y lúdico. Nos seduce su juego, su trasplante a nuestros míseros cuerpos con vistas a que nunca se termine.
Entrar dentro de esas cúpulas o capillitas agujereadas por las que la luz penetra para salir alumbrada y nos inunda, es otra experiencia que además tiene su reflejo y se ahonda en él.
No se le puede negar a la mallorquina SARD su imaginación y capacidad centradas en cómo dar al espacio la sinuosidad y vivencia que reclama, también, cierto es, el descanso y la magia que le suplica.
Todo se suma y se destruye:
la paz, el hombre, los senderos,
la tarde muere en los caminos
y la mañana entre los dedos.
(Jesús HilarioTundidor)