¿Vestir el paisaje para visualizarlo como el producto de un pensamiento cerrado, oscuro, en el que late una vida interna tan cegada como el destino de cada día? Y ello, a pesar de nuestras esfinges y hadas protectoras, quietas, sublimes, vigilantes de que esas energías que estructuran la realidad no sean desviadas de su rumbo.
El zaragozano LABORDA ha sabido fabular con una fuerza plástica adecuada un relato de ahora desde la dimensión de la leyenda, como es éste de una humanidad encerrada que se transparenta hacia afuera pero sin salir de su confinamiento despiadado de humos y máquinas.
Es una obra que tiene los pies bien plantados, en la que por encima y en el contexto del ideario expresado pesa el rigor, la sobriedad, la seguridad y la experiencia. Y en el entorno de ese poema del fin de la luz, hay un rescoldo de belleza que se ha deslizado a pesar de estar siempre cambiando de escondite.
Hay cosas que saltan a la vista,
cabronada urdida-s-utilmente,
multiformes injusticias con modelos
de todos los tamaños y con precios
asequibles a todos los bolsillos,
….cosas que saltan a la vista
como el aceite hirviendo.
Y gafas protectoras, al alcance de todo
bicho viviente, en
nuestra sección menaje del hogar.
(Aníbal Núñez)