El brasileño ALMEIDA me somete al imperio de la duda, entre esas concepciones de lo artesanal y lo creativo, de la habilidad para el tratamiento de la materia y el hálito artístico que la nuclea en el producto final.
De todas formas no voy a oponerme en su consideración sobre lo que su obra tiene de plástico, de representación de unos seres tatuados y señalados que forman parte del entorno del que su experiencia se ha nutrido. La verdad es que llegan a fascinar fuera de ese contexto rural o urbano y alcanzan un significado más visible.
Casi tienen una vivacidad y realidad autómomas, que al rodearlas, pasear entre ellas o enfrentarlas, pueden hasta moverse y comunicarse.
Sólo el desasosiego de un hombre puede iniciar
la construcción de su existencia.
(Almelio Calderón)