Mi amigo y asiduo ROMAGUERA, buen valenciano, se asoma hoy a esta desastrosa tribuna para mostrarme sus dibujos, sus herméticos parlamento dibujados, la forma en que el pensamiento también pertenece a la saga de lo estético sin dejar con ello de perder su corazón apurado.
Son como las cuentas de un rosario que se representan sin cálculo, sin un concierto definido más allá de vislumbrar un identidad que se está construyendo, pero que aún así ya es un poema que se concibe a gatas y con el oído en el suelo por su retumba.

Y después, como un gran contraste, ese implacable óleo en homenaje a Paco de Lucía. Parece que estuviese ahí delante y esa fuera la máscara mortuoria más viva que se le conozca. Con ello ha aspirado la fuerza y energía de una génesis que nunca le abandonó. Nunca. Y hasta se escucha el son de su instrumento. A partir de ahora el cielo y el infierno no bramarán, solamente sabrán prestar oídos a una claridad, poesía y majestuosidad musical.
en fin
para que nadie se llame a confusiones
que entre mi prójimo ese insoportable
tan fuerte y frágil
ese necesario
ese con dudas sombra rostro sangre
y vida a término
ese bienvenido
(Mario Benedetti)