Ángela Vetesse lo ha señalado muy bien: el arte contemporáneo no posee un único lenguaje; más aún, es el reino de lo múltiple y refleja ese ir hacia lo nuevo, propio del pensamiento científico.
Es ahí precisamente donde confluye la obra de la cubana LISBETH, que no por casualidad es la cónyuge de otro gran pintor de la misma nacionalidad, Miguel Ángel Salvó, aunque no hay afinidades sino absolutas diferencias. En ella se configura un discurso conceptual, simbolista y sensorial, que tiene un único debate, cual es el de la vida, su funcionamiento, su fragilidad, su vulnerabilidad, pero también la convicción de su necesidad, de ahí el recurso a esas pinzas de colgar la ropa como uno de los signos referenciales que contribuye, igual que los demás, a dar contenido a la significación.
La seriación, los distintos materiales, objetos, incluso procedimientos, están destinados a enriquecer un mensaje y una temática, especialmente en lo relativo a una interrelación entre lo científico, la medicina, la salud y el pensamiento. Pero ello no minimiza su configuración visual, sino que la hace más precisa, más inquietante, más imbuida de una meditación muy personal y unas vivencias que tienen así su forma de expresión.
hay una sola grieta
decididamente profunda
y es la que media entre la maravilla del hombre
y los desmaravilladores
aún es posible saltar de uno a otro borde
pero cuidado
aquí estamos todos
ustedes y nosotros
para ahondarla
señoras y señores
a elegir
a elegir de qué lado
ponen el pie.
(Mario Benedetti)