En esta época en que todo se acelera con una falsa realidad, se ha dado ya por muerto aquel virtuosismo que se mostraba gracias a un sabio uso del lápiz, del pincel, del escalpelo o del buril, por haberlo sustituido la rapidez y la precisión objetiva de las nuevas tecnologías. Se quiere salvar tal aserto con eso de que aún así el artista tiene parte en el proceso creativo. Mas nada es más cierto.
Por eso cuando el hispano-cubano ALARCÓN aborda la temática del muro de Berlín únicamente necesita la magia y el portento de su formación plástica, sea virtuosista o perfeccionista, para ofrecernos un fresco inconmensurable que es una batalla de la memoria contra el olvido. Y lo hace utilizando técnicas distintas que se adaptan a su dicción, a su acopio de mensajes, citas y referencias.

Y además hay que destacar la diversidad, la multiplicidad, la multiculturalidad y la heterogeneidad con que acomete esta empresa para no correr el riesgo de ceder a una visión unitaria y unívoca. La obra tiene tal densidad que ese sinfín de formas encadenadas conforman toda una semántica de humanidad y tiempo, de sociedad e historia. Así es como hay que encerrarse dentro de ella.
en la cola del hambre nadie habla
de fútbol ni de ovnis
hay que ahorrar argumentos y saliva
y las criaturas que iban a nacer
regresan con espanto al confort de la nada.
(Mario Benedetti)