Las formas en sí mismas nos atrapan, nos envuelven, expresan una verdad interior cuyas referencias están en sí mismas. No requieren de ayuda sino de una penetración visual sagaz, astuta, poderosa.
En el caso de la obra del valenciano BARRERA esos despliegues horizontales que se doblan y desdoblan son una imagen visual que sintetiza una formación que goza exponiéndose, exhibiéndose como una bandera, un emblema abstracto que es la proclamación de la naturaleza plástica que la constituye. La mirada del espectador no tiene dudas en cuanto a sus propiedades dinámicas y expansivas.
Y con ello sus cualidades cromáticas se insertan plenamente, son uña y carne en una superficie que ofrece los postulados de una visión propia y al mismo tiempo heredera, santo y seña de una genealogía que siempre se está inventando.
Si a uno
le dan
palos de ciego
la única
respuesta eficaz
es dar
palos
de vidente
(Mario Benedetti)