En cualquier gran obra se citan todo un sistema de valores y formas, desde los científicos, racionalistas y establecidos hasta los subjetivos, espirituales, irracionales y transgresores. La libertad es amplia, no así esa dimensión verdadera y final que da la auténtica medida del arte.
El valenciano MOLLÁ, ante las condiciones con las que trabaja, depura sus resoluciones a la búsqueda de un fin entre la virtud geométrica y la magia liberada, entre un mundo que exhibe rectas y ángulos y otro que vive dentro de ellas atareado en su propia concepción de lo que le preocupa en su imagen.
La conclusión está al borde de la crisis, pero la sortea, la hace única y extraordinaria, vigoriza la función de la transmisión hasta sus últimas consecuencias. Y éstas son y se hacen cómplices de la mirada.
No quede seno que a tu excelsa mano
deudor no se confiese
(Manuel de Lavarden)
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