El chino BOLIN, harto de persecuciones, de imposiciones, de represiones, ideó su propia invisibilidad. A partir de ahora su práctica artística estaría dirigida a su enmascaramiento, a su camuflaje.
No erró en sus ideas y planteamientos, porque el recurso buscado y obtenido, con sus connotaciones anti-régimen, ha trascendido lo que es el marco en sí de una argucia, también es un incisivo perfomance artístico que asombra por talante imaginativo y por el uso de un lenguaje que hace del encubrimiento su propio signo.
Su simbología es de una plasticidad intensa, motivo por el que su configuración penetra hasta límites insospechados, hasta formulaciones inquisitivas que combinan vivencias, experiencias y entornos en un ámbito geográfico y socio-político muy determinado y adverso.
Pintor que improvisa al desgaire
la iluminación de sus cien pinceles
en la llama instantánea de todos los papeles.
(Leopoldo Lugones)