Inundamos los océanos con desechos plásticos porque para nosotros ya no tienen utilidad, sin darnos cuenta que así estamos envenenando lo que nos proporciona nuestra existencia. No estamos sabiendo encontrarle esa segunda y tercer y cuarta función que alienta en toda materia.
La canadiense ROBSON, que creció en Hawai, sí la ha encontrado y ha sabido experimentar con este material tan tóxico hasta encontrarle la metamorfosis adecuada. Que se conviertan, ya que acaban en los abismos del piélago, en seres marinos refulgentes, en estructuras coralinas plastificadas, en hábitat hermoso y purificado.
Y eso ha sido el arte, ese arte que no es el reflejo estricto de una época sino una interpretación de la misma expresada en un lenguaje en permanente transformación (Kit White).
Nadie se asome al sumidero lento
de sangre, donde todo elemento
que amó fermenta en un montón sombrío
chorreando sin ruido en el vacío.
(Enrique Banchs)