De una instalación siempre esperamos una manifestación que casi nos arrolle, que nos ponga delante de un suceso nuevo, la mayoría de las veces indescriptible, incodificable.
En el caso del argentino BASUALDO ha tomado de las sombras unas entidades que nos sumen en un ámbito espectral, desconocido hasta cierto punto, cuidadosamente escenificado, del que ignoramos su procedencia y materia, aunque el abuso de la colgadura en el arte contemporáneo ya es excesivo.
No obstante, convoca impactos visuales y cerebrales, sensaciones y preguntas, que nos obligan a cederle parte de nuestra autonomía en favor de la inmanencia de la suya.
Hijo mío: te entrego cuanto hay que entregar,
el pueblo y la ciudad, y la tierra y el mar.
(Baldomero Fernández Moreno)