Decía Matisse que la importancia de un artista la determina la cantidad de nuevos signos que introduce en el lenguaje artístico.
El ilicitano AGULLÓ es uno de los que van introduciéndolos después de planificarlos largamente en un acto de percepción que es al mismo tiempo un giro del pensamiento, y un acto de observación que es toda un proceso y una incardinación inventiva.
Por lo tanto, es una obra rica en intuiciones, en un trabajo mayúsculo de sistématica en los procedimientos, en la manipulación de la materia, en obtener de lo simbólico la alianza con lo fantástico, en que la terrosidad sea ese cosmos que nos devuelve a la condición de los que somos una vez que lo hemos contemplado.
Mas no la maté con las armas,
busqué una muerte peor:
¡Lo besé tan dulcemente,
que le partí el corazón!
(Alfonsina Storni)