Una comarca montañosa de ensueño nos puede definir dentro y fuera de ciertas fronteras, con una naturaleza que nos infunde ambiguas respuestas, saltos, búsquedas, soledades, una sensación metafísica que rodea al humano hombre repetido a sí mismo.
No es un marco realista ni muchos menos fotográfico, es una concepción muy personal que entronca con las propias reflexiones del autor dentro de un ámbito determinado, esa comarca, que es la que da origen al todo y a la nada.
De que el madrileño RISUEÑO toma su propio hilo conductor de su historia no requiere dudas, únicamente requiere compartir un imaginario que nos es tan afín, tan plásticamente concentrado en lo que es una pintura muy reciamente española.
De ese desconocido que ha cruzado la plaza
los recuerdos más tristes quisiera recordar.
Llenarme de otras vidas, otra luz, otras muertes…
¡No ser este hombre solo frente a la eternidad!
(Conrado Nale Roxlo)