Decía Pascal Quignard que si no aceptamos el abandono, la angustia, la pasión y la noche de la agonía, no somos más que imágenes infieles, piedras de desecho mal talladas que encajan en el edificio y que ya no sirven para nada.
En las imágenes del cubano LÓPEZ PARDO la ansiedad, la soledad y el desamparo, la querencia y una noche de trance y amargura se hacen visibles y reales. La oscuridad de una naturaleza misteriosa lo envuelve todo, especialmente esos bohíos que todavía no han desaparecido y que son el hábitat del desconsuelo y la desesperación.
El impacto de estas obras nos deja con la mirada puesta en un avatar que sabemos que no es imposible, que se perpetúa, que no hay luz que lo ilumine, sino un tiempo sombrío que sigue estando vigente, que es una poesía en vías de dar fondo a unas tinieblas que no repican ni redoblan, acallan y malviven a pesar de su aureola plástica.
Echaré a caminar
por un camino de moderado polvo,
preferentemente al atardecer,
y por sorpresa, sin darle tiempo
(aunque todo haya sido
calculado con tiempo),
retrataré a mi sombra.
Quizá por ese atajo
descubra los contornos de mi muerte.
Será como mirarla.
(Federico Peltzer)
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