Esta es una visión plástica de una tragedia antigua abierta a todo las confluencias caribeñas y tropicales. Los personajes gritan o callan pero se descubren a sí mismos y a sus enemigos, ya estén dentro o fuera. El color estalla, reverbera en tonos acuciantes u oscuros acorde con el martirio, la muerte y los acontecimientos. El retrato cumplió su destino, ya es híbrido y observa.
Sobre el puertorriqueño ROCHE y su obra podrán cavilarse miles de respuestas y críticas, pero seguro que todos los análisis coincidirán en la fuerza a un tiempo primitiva y actual de una imaginería que nos penetra, que revela lo oculto al mismo tiempo que lo evidente.
Sus técnicas de frotado forman parte de un proceso que va desvelando el misterio de la vida al borde de la muerte, la encarnación de la muerte cuando quiere ser vida, incluso estigmatizarla en el interior de unos espacios alucinados y hasta dolientes. Es un móvil más para apreciar la encarnadura pictórica y no dejarla nunca.
SEÑOR, señora:
yo vendo amantes sin arrugas, recién lavados,
limpios.
Yo vendo amantes recién salidos de la plancha,
de la lavandería.
Yo vendo amantes y mantas para camas largas y
anchas,
como enormes planicies, como estepas, como
tumbas.
(Antonio Quintana)
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