Se ha dicho que en la obra de arte, una estructura imaginaria sólo es significante si se alimenta con la sedimentación de las fuerzas de una época y de una cultura.
Así lo ha entendido el madrileño MUÑOZ al tomar los signos de derroche de nuestro tiempo y sociedad, invirtiendo el proceso de destrucción y desprecio por el de reciclaje sobre la base de las formas y del arte. Antes como no tenía forma permanecía mudo, ahora, a través de este suelo habitado, al tenerla, se le puede escuchar.
En este escenario, ese análisis de Freud de la oposición entre el arte que trabaja agregando y el que trabaja suprimiendo, se ha despejado mediante la visibilidad de un claro vencedor, cuya poética tiene un claro compromiso con la idea plástica y su discurso ideológico.
Y fue en ese momento,
exactamente, cuando llegaste tú, comadre vieja,
puta vieja, redomada comadre,
y has cogido mi mano,
cuando mi mano daba tranquilamente
pan al árbol y el árbol lo comía,
y daba el aire al aire y lo comía,
cuando llegaste tú, hasta mí, de pronto, y me
sorprendes.
(Antonio Quintana)