Ahora está en el Reina Sofía, ahora se la ensalza y hasta sólo falta elevarla a los altares, pero lo cierto y verdad es que murió en Palencia en una total miseria y en una más total soledad. Algunos dicen que la obra plantea al autor las oscuras fuerzas de la destrucción que velan en él. Es decir, que el arte lleva en sí la destrucción.
Sin embargo, considero que la pintura de la española GADEA consistía en la producción de una transgresión de los tabúes, una liberación de las amenazas, una reafirmación de su condición de mujer, aunque con ello se juegue con fuego, se pague un precio con momentos de angustia y depresión y hasta se emprenda un descenso a los infiernos.
En su trabajo no existe esa aparente oposición entre perspectiva y realidad de la obra, entre la jocosidad y literatura del cómic y el encuentro con esas fantasías crepitantes que se alimentan de lo que es mutable, de lo que expresa una revisión de los esquemas, un replanteamiento continuo de los modos de ser y de ver en el mundo.
Mientras España ardía y un poeta miraba deshacerse el
hiel en canto, fluir las frases brillantes de la tierra, la luz,
la salvación, él llegaba a la cima de lo eterno.
(José Luis Rey)