La obra de arte está envuelta y entrelazada con alusiones al universo interior y al reverso exterior, con la ambición de adquirir un cúmulo espiritual que mana de su poder para evocar la contemplación.
La de la costarricense ALMA FERNÁNDEZ toma a la mujer como ese contenido que da luz a la forma, que le proporciona escala y densidad y una mirada prolongada. Mediante esa pátina simbolista y modernista la armadura plástica configura una visión fantástica, una quimera sobre la que la gravitan luces y sombras, y gamas cromáticas que son como el elixir imprescindible para que la figura femenina misteriosa y solitaria, o a caballo, germine su audacia de identidad inconfundible.
Ciertamente los aspectos y recursos estilísticos han cuajado de una manera determinante este mundo de fantasía intemporal que convoca al sueño a una andadura sobre otros territorios todavía abiertos y con el que nos invoca a explorar y descubrir por medio de una seducción a flor de piel.
La primera plenitud,
la que besaba en el sueño,
la que nos abre los ojos,
la que nos crea de nuevo.
(José Luis Rey)