Es un hecho repetido lo de que los artistas son vulnerables a la moda y se muestran dispuestos a aprovecharse de cualquier recurso estilístico que llame la atención, sin preocuparse de lo estéril que pueda resultar a la larga.
Pero si dicen que en la obra del madrileño MANGLANO-OVALLE el arte está acabado porque hay excesiva impostura, es que tales imposturas existen para que con su conformación nos lleven a la verdad del no ser o del ser que ya está condenado.
Visto lo cual, constatamos algo que no podemos negar a pesar de todo, cual es la experiencia emocional que nos ofrecen estos artilugios, ingenios, artificios, o lo que sean, pues tanto pueden ser mutaciones de monstruos como de icebergs, de nubes como de vegetaciones y arrecifes. Lo importante es que su manifestación y construcción vulnere nuestros hábitos perceptivos y nos dirijan hacia confines estéticos ignorados.
Barcos anclados en mitad del cielo
y jirafas azules bebiéndose el ocaso.
Y así, en una catarata de estrellas, en una sonrisa se nos
muere el hombre,
abandonado por la tierra madre.
(José Luis Rey)