Cierto es que lo que une las distintas experiencias creativas es la superación, mediante una práctica ecléctica, de la ya ridícula e inconsistente división entre abstracto y figurativo. Como tal aserto, se ha de ver la obra del italiano GUCCIONE, cuyo aliento pictórico descubre esos horizontes y atmósferas, esos amaneceres o anocheceres que a través de esa plasmación fría y aérea quedan como símbolos eternos de una naturaleza viviente e infinita.
Se puede incluso afirmar que ante ella hay un tinte de belleza que se escapa de nuestros ojos y nuestro ser para quedarse en una lejanía incontaminada, pura, que se regenera dulcemente, delicadamente, como una letanía sin oración que la perturbe.
Se ha dicho que el arte es productivo en cuanto llega a obtener una magnitud de su propia demarcación y promulgar su propio orden interno. Sin ninguna duda, tal es el sentido paisajista y estilista de este artista.
El mundo a punto está de ser tan sólo
la fosa de unos astros agotados,
que ha de sellar, rotunda y para siempre,
la negra losa de la noche inmensa.
(Lorenzo Oliván)