Un filósofo manifestó que el arte está unido a ciertas figuras sombrías, caóticas, desordenadas, en las que encarna el mundo para el hombre contemporáneo. En la obra de la cubana ISIS, esa encarnación es fruto de una eterna espera en el Malecón habanero, cuya conformación sufre una permanente metamorfosis.
De tanto aplazamiento y resignación, los cuerpos han mutado, se han transformado, parecen íncubos y súcubos caribeños, que se amparan en su nueva morfología para desafiar al destino. Y lo harán con un atroz halo de belleza, con unos rasgos que les dan la magia arrabalera y animista del son.
Esta creadora ha dado un giro radical a su pintura, invocando una imaginación que reconstruye un mundo plástico como lugar de reconciliación de todos los posibles de una condición humana clavada en la isla.
Morderé la tierra, romperé raíces,
desgarraré mi carne con fiereza,
pero aleja tu faz, tu faz que temo
en esta noche de rugido y selva.
(Carlos Bousoño)