Se accede a una proyección en la que la línea moldea el signo de un hábitat diferente, que, como una manifestación plástica idealizada en una planificación imposible, desvela, como en las mejores manifestaciones artísticas, un sortilegio de significaciones que hasta entonces eran invisibles.
Arte y técnica inseparables, dándose espacios y ámbitos distintos y a la vez mutuos, casi una simbiosis que suscita al hombre dentro a pesar de no verlo, pero sí intuirlo. Se abren puertas y laberintos infinitos. No necesitamos salidas sino refugios.
Inteligente percepción que gira sobre sí misma para hacernos partícipes de una transparencia, de unos modelos, de unas ideas que parecen encerrarnos cuando en realidad nos están liberando.
El pasó. Cuerpo sin brío,
dolor. La sombra se adensa.
Nadie ya…Noche suspensa.
Quieto el horizonte frío.
(Carlos Bousoño)