En el cubano LI se nota y mucho sus genes, sin que ello suponga una mera mímesis o continuación literal. Dentro de su mundo pictórico personal sobresale su peculiar habilidad técnica, su modo de hacer no programático ni sujeto a cánones estereotipados.
Por el contrario, su cualidad expresiva se pone de manifiesto siempre y el esquema visual, muy texturizado, granulado y con una urdimbre que hace de vehículo de transparencias esenciales, domina toda la obra fabricando una significación que quiere mantenerse oculta y no puede.
Al final, la atención del espectador se desparrama en una infinidad de secuencias que toman su efecto de totalidad cuando la estructura ya no es un resquicio de superficie, sino la magnitud de toda ella ubicada en la dimensión que alcanza.
Escuchar es muy peligroso. Si uno
escucha lo pueden convencer.
(Oscar Wilde)