El poder de estas esculturas es el poder de no engañar, de no ser simplemente espejos sino además entelequias visuales que en su propia contradicción descubren su realidad.
Y esa realidad es la de nuestra carnalidad disecada, preservada, para que su ethos nos familiarice con nuestras excrecencias internas y externas.
El italiano DEMETZ crea una mutación sobre la madera hasta convertirla en una manifestación de un cruento juego de existencias finitas incapaces de afrontar lo infinito.
Estamos ante un proceso de modelado festejando las dudas de lo táctil si nos atrevemos a pulsarlo.
Nunca cometió el error de constreñir
su evolución intelectual en nombre de un credo o
sistema, ni confundió con hogar ningún refugio
donde apenas se puede pasar una noche.
(Oscar Wilde)