El cuerpo de mujer es no sólo un depósito de supuesta belleza, también es una geografía que acumula o desacumula riquezas, búsquedas eróticas ilimitadas, protuberancias plenas de significación y fuerza intemporal. Y eso antes de Botero.
La obra del franco-estadounidense LACHAÌSE se regocija de esa potencia que emana de esas esculturas femeninas que son como invitaciones plásticas a compartir a través de la mirada, siempre que ésta esté dispuesta a darles el auténtico valor que poseen.
Conjugan armonía y decisión, vigor y gracia, altanería y sexo. Sus moldes son como roces y sensaciones dentro de un espacio íntimo y al mismo tiempo se levantan como ídolos de una creencia física sobre la naturaleza del placer.
Pero volaste ese momento,
esa justa posesión del espacio,
y a pesar de la muerte,
tu memoria descansa.
(José Ramón Ripoll)