Yo creo que el catalán BORRELL, a la hora de enfrentarse a sus superficies, hace caso omiso, en cuanto al resultado final en sus obras, de aquel comentario referente a que todo color, tomado por separado, tiene algo de incompleto e insuficiente.
Él no ve, ni tampoco yo, esa ruptura del equilibrio visual, al contrario tales ficciones monocromáticas, matizadas en tonalidades que marcan su geometría o un profundo paisaje que corre en busca del sentimiento, de raíz americana, difunden un mensaje de estabilidad y reflexión.
Se ha llegado a decir que los colores aislados nos afectan, por así decirlo, patológicamente, arrastrándonos a particulares estados de ánimo y a una extrema sensibilidad. Pero, igual que Proudhon, pienso que son realidades físicas valiosas por su espíritu y el ideal que alientan en ellas.
La mirada final es el silencio
que tu palabra va dejando
sobre todas las cosas.
(José Ramón Ripoll)