- Siempre hay un sur pobre, deprimido, agotado, resignado, esperando la muerte. Estas imágenes, con su esquematismo formal y geométrico, más van allá porque se entienden como un reconocimiento de doble vía.
- El norteamericano GWATHMEY despliega escenarios trágicos y múltiples, en los que palpita una hondura aparentemente leve que no lo es y, por el contrario, su factura pictórica alcanza una dimensión propia y simbólica.
- Tenemos que pensar y apreciar en esta obra lo que decía Baudelaire respecto a que un cuadro requiere tanta picardía y vicio como un delito. En este caso el quebrantamiento está dentro y fuera, en lo que vemos y en lo que imaginamos.
¿Quién dijo que el tiempo petrifica las lágrimas? Se
esconderán por ahí, en las moradas del delirio. Los huesos
pura piel de un niño muerto de hambre aumentan lodos del
espanto.
(Juan Gelman)



