- El segoviano REGUERA siempre me marcó desde que conocí hace años su obra, la cual, debido a su gran alcance, le depara hoy una presencia internacional como a muy pocos artistas españoles, Mi fidelidad se basa en que siempre tiene algo que expresar y lo hace, como escribió Heidegger, como un deber, que antes de hablar, deja que el ser le hable de nuevo.
- Su lenguaje, de múltiples variaciones, de horizontes que cambian según uno los va contemplando pausadamente, de riquezas cromáticas insólitas, de infinitas texturas y sustancias volátiles, celestes, etéreas, no nos rehusa -te niego Martin- su esencia, al contrario, es la casa de la verdad del ser.
- Por lo tanto, ni hay desecación ni corrosión, y sí responsabilidad estética y hasta moral en su visión, en su hacer, en su intuición constructiva, en su misterio creativo y simbólico, que incardina casi un sentido panteísta que lo es todo, mientras que el espíritu vive con un mínimo de palabras -la Secesión-.
- Además considero que en sus criaturas es de recibo poner de manifiesto lo que pensaba Schopenhauer respecto a que el arte es un medio de trascender el propio yo y vencer los estrechos límites de la individualidad, además de proporcionarnos una profundización cognitiva sobre la naturaleza de las cosas. Sin dudarlo, me avendría a intercambiar con él nuestros mutuos roles.
Entre el órgano activo y el pasivo sucede la piedad. Nace del
odio de repente como una enredadera sin razón. Alarga
límites de la licantropía, la memoria recorre su zoológico y no
se sabe más quién es la noche.
(Juan Gelman)




