
- No me acuerdo ahora de quien dijo que el arte no debe buscar por encima de todo la representación de la forma, sino ser forma él mismo, y eso sólo se consigue con el lenguaje propio.

- Y en eso siempre estaba indagando el italiano CASSINARI, cubriendo ciclo tras ciclo, y lográndolo en cada uno de ellos. Semántica de color que bosquejaba la línea, que podía circunscribirse hasta alcanzar una figuración fantasmagórica pero real, o abrirse para que la horda cromática velase sus sueños.

- Basculaba entre sintonía y expresión, entre rimas cubistas y expresionistas, entre el fulgor de la vida y la penumbra de la madurez. Cavilaba en la medida en que interrogaba a los medios con los que conducía su práctica artística. Y después culminaba y materializaba conforme a unas señas plásticas que eran únicamente suyas.

La verdad cuece vidas. ¿Quién la vio alguna vez, sola en su
maldición? ¿La muerte la conoce, vive allí en superficies sin
reflejo? ¿No le importa el instante? ¿Espera bocas de belleza?
¿Tiene mares y selvas de humanidad desconocida? ¿Cómo se
baila a su compás? ¿Descansa alguna vez en la miseria que no
la deja hablar? En un soplo cultiva rostros por si acaso.