Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
KERSTIN CAROLIN BEYER / FORMO PARTE DE ESA INCLINACIÓN A LAS SUPERFICIES PICTÓRICAS
Por mucho que Jean Clair declame que los artistas quieren abusar de hacerlo todo visible, los espíritus inescrutables todavía siguen habitando la pintura. Por supuesto que ésta sigue viva y tampoco es tan fácil que se haga visible porque esconde aspectos de sí misma entre sus fauces.
Respecto a eso la alemana KERSTIN, que está en la galería Johnny Cool de Madrid, sabe mucho porque lo que la hace palpitar ante la superficie es dejar que la pintura vaya surgiendo por sí misma, verificando sus propios conceptos de escritura y de transmisión visual. Con lo cual la expresividad aborda distintas cuestiones plásticas, cada una de ellas significándose como un encuentro más con las otras, sin que se influencien, excepto en lo que a la intensidad se refiere.
Las sendas cromáticas únicamente siguen el guión de un ajuste que provoque una mayor resolución en el contenido sea o no temático, sea o no informativo, hasta llegar a una esencia marcada por unas apariciones y desapariciones que tienen connotaciones fantasmagóricas que gravitan entre la ocultación y la desocultación.
Sus obras no intentan aprehender la noción y emoción emanadas de la autora, una vez gozan de autonomía, sino que sencillamente se conforman como un fenómeno que aguarda su contemplación sin ir más allá de lo que son.