
- Se abren museos en toda la faz de la tierra y como si no quedara sitio, también se instauran en las profundidades marinas, lo que tiene una intencionalidad ecológica y también otra turística. Al final una y otra acabarán fustigándose.

- Pero también podemos analizarla como una alegoría, aquella que hay contenida en un imaginario apocalíptico de destrucción de nuestra civilización. Que tampoco es moco de pavo.

- Por ello, el inglés DECAIRES, con sus esculturas submarinas, establece la finalidad de que queden restos de lo que era una humanidad que se devoró a sí misma y a todo cuanto era su entorno. Con lo que esta maniobra de instalación de museos para buceadores -como se les llama- en la Granada caribeña, Cancún, incluso Lanzarote, no deja de ser un testimonio que pueda servir de memoria cuando llegue el momento.

- Y aunque su intento supuestamente artístico tenga sanas connotaciones de esta índole, ignoramos si los corales y demás flora y sustancias acuáticas y oceánicas las cubrirán y penetrarán hasta modificar su actual estructura en aras a convertirla en un producto más de estos atolones. Quizás sea ese su destino, su patético destino, abrumado por su mirada ciega.

El FMI y el Banco Mundial promueven una imposición de tasas sobre los servicios que utilizan los pobres, pero en contrapartida no proponen ninguna reducción de los gastos militares y gravar los ingresos de los ricos (Mike Davis).