
- Quizás otros sepan dar mejor cauce pictórico a esos interminables años de acero, pero el holandés HINCKES, siguiendo los antecedentes artísticos de sus predecesores, da una nueva vigencia al bodegón más descarnado.

- Su maestría no deja lugar a dudas, y es difícil ponerle reparos a un virtuosismo fuertemente ligado a un espíritu de degradación y muerte. Es como un presentimiento de lo que fue y volverá a suceder.

- No ha lugar, entonces, para el sueño, porque la realidad es inalterable cuando una humanidad se debate entre la destrucción y la pérdida de los valores más sustanciales; la calavera ya no es ni dramática, es una rutina de hallazgos y cascotes.

Creo en el Absurdo, porque es absurdo.
(Tertuliano)
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