
- La canadiense CORRIGAN pinta su historia como si fuese un sueño permanentemente en acoso, no le hace dar muchas señales ni que los espacios y superficies sean perfectos. Al contrario, hay que dejar que sean como cuentos pero extremos en su fealdad.

- Las pinceladas tirando a oscuro, sin moldear, empastadas, imprecisas, perfilando a sus protagonistas dentro de un entorno tosco, gris, intencionadamente repelente, en el que se convierten en adolescentes nauseabundos, hartos de defecar siempre en el mismo sitio.

- Observando estas creaciones, llegamos a comprender las palabras de Jeff Wall, referentes a que «la contemplación del arte puede que no cambie el mundo, pero sí al propio individuo y su relación con aquel».

Uno siempre está solo
pero
a veces
está más solo.
(Idea Vilariño)