Ante la obra del español VÍCTOR MIRA ya no hace falta soñar porque la pesadilla tomó forma, se hizo físicamente amante nuestra. Y lo consiguió con la versatilidad propia de un creador romántico enterrado en un ámbito que se encuentra flotando en áreas subterráneas y en mares nocturnos, en contornos presos de delirios y alucinaciones.
Podemos explorar junto con él y descubrir a esos ancestros y también a sus altares sangrientos y mansiones execrables -procesión de hambre, guerra, peste y signos estigmatizados-, para después confundirlos con visiones vestidas de una plasticidad tan rotunda que las hace imaginación vívida, fiel a unos presupuestos pictóricos inviolables.
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