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No es necesario señalar que la pintura, entre otras muchas variables, es una biografía atormentada que se remonta muy atrás para estar siempre presente.
El valenciano MONDRIÀ lo ha tomado en consideración en orden a plasmar lo que decía Alberti sobre la reproducción de superficies percibidas por el ojo en una sola mirada. El mundo, entonces, se reduce a lo visible, en el que se contiene ese microcosmos plástico tan personal que ilumina lo que está y permanece oscuro.
Y lo visible se traslada en sus efectos al ámbito de integración en experiencias individuales y colectivas, signos de un lenguaje fruto de valores ligados a la luz que falta, a la ceguera existencial que domina.
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