Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Están atrapados y su opción es el abismo. Por eso encajan en la que se conoce como una de las funciones del arte: la de crear y provocar turbulencias, en este caso amenazantes para una humanidad que sin darse cuenta se encuentra frente a frente al despeñadero.
De eso debe saber mucho el guatemalteco LEIVA, porque sus esculturas esquematizan un espacio mínimo para unas figuras que apenas se sostienen en él. La convicción sobre un grupo que se aferra a una salida que no existe.
Se trata de una alegoría desnuda acerca del extravío, de la soledad compartida, del miedo simultaneado, del fin entrevisto, de la angustia callada.