Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
NICHOLAS HLOBO (1975) / LES DOY OTRA FORMA DE VIDA
Señalaba Ramón Gómez de la Serna que deberíamos profesar admiración al arte negro, porque es inclasificable y no nos amenaza con su distribución por épocas e influencias.
Tal es el caso del sudafricano HLOBO, que en ese entorno externo que forma parte de su cultura de origen, después de una contemplación interna, da lugar a una creación mudada en esa fauna conformada con los materiales más inusitados y acordes con su nueva naturaleza.
No solo es una cuestión de fantasía y cavilación conceptual, es sobretodo la ejecución vívida de lo que es una realidad en extinción, malograda por una devastación que no cesa ni cesará por su falta de comprensión de lo que son estos seres que también quieren pertenecer a los designios del arte.