Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Decía Gerhard Richter que hay que creer en lo que se hace, hay que implicarse con toda el alma en la pintura. Es más, me atrevo a añadir, se requiere un proceso creativo que culmine la construcción de un cosmos que sea tiempo y espacio, visión y presagio.
Las obras que realiza el chileno MARTÍNEZ SALAS están concebidas a modo de bóvedas en las que el dibujo configura una representación que encarna la magia excomulgada de una experiencia única y singular en su sentido profundo.
Su estructuración espacial se desarrolla como un relato que tiene un discurso localizado en una era que desde el principio del universo viene rigiéndose por la sabiduría de un código, que únicamente el artista sabe interpretar sabiamente y lo hace con la templanza y minuciosidad del que domina el misterio de la línea y de los tonos hasta dar con esa clave plástica que ilumina el pensamiento.
Esperar no es desesperar. Amo mi paciencia más que a mí. Las moscas ganan batallas después de las batallas.