Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Señalaba Ortega y Gassetque el arte era ese lenguaje que, lejos de aludir a la intimidad, la ofrece, la presenta, y esa es la causa del goce estético. Y añadiría que la labor del tiempo le ha aportado y seguramente le aportará mucho más.
Ante estas realizaciones nos parece contemplar mecanismos artificiales ordenados en medio de una vehemencia que los ha dejado como extraños huéspedes que huyen hacia las sombras, que se han desnudado del color para estar ocultos, para que sus rostros pueblen el vacío como seres inmateriales.
Pero el chino DU los rescata de esa falsa noche y los transforma para que no pierdan una realidad que los trasladará a vivir en nuestro entorno, aunque sea como sonámbulos o siniestros o solitarios. Los necesitamos sin consuelo y sin olvido.
Tu final no siempre es la vertical de dos abismos.