Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Decía Alfred Barr que el arte moderno no puede en modo alguno definirse concluyentemente ni en cuanto al tiempo ni en cuanto al carácter, y que cualquier intento de conseguirlo implica una fe ciega, unos conocimientos insuficientes o una falta absoluta de realismo académico.
Pero si algo está claro es que la obra de la iraní VAKILIno necesita definición porque todo ella lo es en sí misma, tanto en sus concepciones especiales -que nos trasladan a otros núcleos arquitectónicos, geográficos y culturales- como en sus planteamientos plásticos que a partir de unos orígenes se van incorporando otros hasta que la fusión se completa en una orografía fantástica.
Las perspectivas abren horizontes entre lo construido hacia un fondo queno tiene fin, dentro de unas longitudes que se estrechan y se alargan, que hacen que lo pictórico tenga un significado de evocaciones y tiempos perdidos.