Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
JULIO FIGUEROA-BELTRAN (1984) / NECESITO PINTAR PARA NO CREER
Ya no hay límites que no se sobrepasen, ya no hay posibilidades que sean imposibles, el relato plástico ha de proseguir con o frente a la potencia del absurdo, tomando conciencia de que no hay similitudes que valgan.
Desde esas premisas, la obra del cubano FIGUEROA-BELTRÁN se decanta por una representación que invita a buscar su propio signo en nuestro exterior, en lo que no sabemos asociar ni involucrar en una creación que nos transmite espacios, seres y tiempos.
A través de sus trabajos vemos y contemplamos unos desarrollos pictóricos de organización consensuada con un pensamiento absorto en lo que ya es un modo de crear entre lo verosímil y lo inverosímil, entre lo real y lo irreal.