Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
MANUEL HUERTAS TORREJÓN (1953) / TODAVÍA EL TIEMPO ESTÁ POR ACABAR
Nos dice Rudolf Arnheimque, perceptualmente, una obra de arte madura refleja un sentido de la forma altamente diferenciado, capaz de organizar los varios componentes de la imagen en un orden compositivo comprensible.
Para el cacereño HUERTAS la pintura ha de contar también con un aliento poético y plástico que retome la realidad como una totalidad que trascienda la visión rutinaria.
No hay fidelidad en sus obras sino reflexión acerca de la materia en relación a su estructuración como un pensamiento del ser que nos rodea creativamente, que nos engancha la mirada en el misterio de su enigma tal como el autor lo integra en un espacio delimitado, pero que encierra significados existenciales y temporales.
Los cantos de los hombres son más bellos que ellos,