Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
MARCUS JANSEN (1968) / LO MEJOR ES VIVIR EN LOS BAJOS FONDOS
Si la gramática productiva del americano Jansen es iconoclasta hasta la médula se debe a que celebra su orgía plástica en el desenfreno y escepticismo del mundo que le rodea.
Cree en sí mismo y en lo que hace, después deje que se sedimente hasta que la contundencia y energía emitan una irradiación que congele la visión hasta hacerla ardiente y arrebatada.
Todo lo que contienen esos espacios simulados es tensión al azar, es hallazgo de un malestar herido que al destrozarse y fragmentarse en distintas partes consigue que la colisión funcione y que su plástica no se arrepienta de haber salido a conferir maldiciones y desenlaces.