Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Cuando nos situamos ante obras como éstas nos preguntaremos con frecuencia si la sustancialidad metafísica penetra en ellas debido al alcance de su justa estructuración y plasticismo.
Para la catalana JORDÁ la acuarela es el conjuro con el que quiere manifestar sensación y pensamiento, llegar a la forma más acorde a sí misma para hacer ver que las penumbras son cromatismos que las iluminan aunque estén encadenadas.
Es una abstracción en la que lo fluido, mezclado, yuxtapuesto, solamente obedece unas iniciales consignas que en el proceso se van independizando, cubriendo sendas y recorridos, discurriendo horizontal o verticalmente pues el espacio, pese a que se rasgue, es su cómplice y hacedor al mismo tiempo.
A los que duermen no les rompe la luna por dentro.