Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
ANTONIO VIDAL (1928-2013) / LOS TOCO PARA RESUCITARLOS
El valor más alto -así lo señalan- y más liberador en el arte es la transparencia. Esta última supone experimentar la luminosidad del objeto en sí, de las cosas tal como son. El arte no se refiere a algo: es algo.
Para el cubano VIDAL esa transparencia significó traspasar su sentido plástico y telúrico a una superficie que estaba a propósito para hacer brotar en ella una abstracción que la culminase.
Su quehacer fue laborioso, estableciendo rutas, direcciones, rasgos, excavando y raspando, manipulando, impregnando con un cromatismo rico en texturas y conmociones, en referencia a una materia viva que al final convoca al espíritu de la memoria.