Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
¿Qué es lo que cabría preguntarse ante estos retratos de una edad vencida? La subjetividad encuentra en la muerte su propio ser, su sustancia más oscura, la más íntima y propia.
Ellos la están buscando no importando ni la consciencia ni el ridículo, el ropaje exterior es el recurso de ir enmascarándola, de pensar a pesar de todo que no hay engaño dentro.
El americano BARD da libertad de expresión a la angustia pictórica que se desencadena cuando la aproximación virtuosa a esos seres se encadena a un presentimiento final, cuyo significado está cerrándose.