
- Ante estos colosales rostros del cubano MASSOT, la mirada se queda pensando en la suerte de no ser el propio, lo que no impide que el observador empiece a dudar de que esos rasgos tan toscamente tallados sean los que suela utilizar para odiarse.

- La piel hace que el color de la carne sea visible, que se ofrezca con un pensamiento turbio, con el presentimiento negro de un destino que está condenado, pero que a través de sus ojos lo maldice hasta el infinito.

- La gama casi monocromática está sabiamente aplicada sin piedad y adaptada a las distintas expresiones, que enfatizan las ansias de morir o de matar que anidan en sus cerebros.

- Escucha. Yo te llamo desde un reloj de piedra,
- donde caen las sombras, donde el silencio cae.
- (Vicente Gerbasi)