Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
MICHAEL BRENNECKE / SI NO SALGO ME QUEDO PRISIONERO
Decía David Hockney que el estilo es algo que uno puede usar, y que uno puede ser como la urraca y tomar lo que quiera. La idea de un estilo rígido me parece algo por lo que no hay que preocuparse, porque puede atraparte.
Al alemán Brennecke le han atrapado las capas sucesivas y obsesivas que ha ido aplicando hasta la consecución de ese mapa plástico cromático y densamente implantado de texturas. Es su manera de entender la crudeza del tiempo en una superficie antes deshabitada.
Parecen por ello organismos que toman vida con la destilación del color, con la masa pictórica fragmentada impregnando la materia con un lenguaje añejo, de resonancias esculpidas y sígnicas.
Lo que llamamos amor o muerte, libertad o destino,
¿no se llama catástrofe, no se llama hecatombe?
¿Dónde están las fronteras entre espasmo y terremoto.